una hormiguita

Ayer, 29 de septiembre, falleció mi jefe después de una dura pero corta enfermedad que le sobrevino poco después de que yo lo conociera. Era la cabeza visible de la segunda generación de una familia dedicada por completo a su negocio y una persona respetada y admirada por todos sus trabajadores. Una persona querida por todos los que le conocían y sabían que, pese a su rectitud en el trabajo, era un buen hombre con el que pasar un rato divertido.

Pablo Marcos MS / Hormigas transportando su alimento. ZSL London Zoo.

Pablo Marcos MS / Hormigas transportando su alimento. ZSL London Zoo.

Los que le conocían bien, aquellos compañeros que han trabajado a su lado varias décadas, decían de él que era una hormiguita: tenaz, trabajador y constante. Su visión del largo plazo superaba a su capacidad de tomar decisiones rápidas, y quizás eso es lo que le ha mantenido con vida mientras su cuerpo se apagaba por dentro. Los que trabajábamos con él a diario no acertábamos a comprender cómo era capaz de apartar nuestras necesidades -“urgentes”- a cambio de afrontar tareas largas y tediosas.  Pero, gracias a ser una hormiguita, pudo ver nacer a su segundo nieto y dejar un legado mucho mayor que el de una empresa con historia: el de una familia luchadora, unida ante la adversidad, que ahora debe afrontar el reto de enseñar a una nueva generación todo lo que le hizo grande.

los que le conocían bien, decían que era una hormiguita: tenaz, trabajador y constante

Pese a nuestras diferencias, he aprendido de él mucho más de lo que detuvo a enseñarme. En un par de días complicados, de intenso sufrimiento y de gran incertidumbre, me he dado cuenta de que acabaré considerándole en poco tiempo algo así como un mentor. El jefe que, autoritario y distante, me ha puesto en el camino del verdadero trabajo, el que ha de hacerse incluso sin ganas pero con tesón, el de la lucha por los grandes objetivos que nunca se deben perder de vista.

Mañana volverá a ser un día duro. Todos los días lo son, lo eran. Pero mañana, todos volveremos al hormiguero donde siempre trabajamos apresurados, donde todo el trabajo debería estar ya hecho y donde no hay tiempo para tomarse un respiro; y habrá un hueco, un vacío enorme que no podemos dejar que nos impida seguir luchando, avanzando hacia adelante.  Además, a partir de mañana tenemos una misión más importante que salvar un negocio. Una labor encomendada por una mujer destrozada, la madre de mi jefe, que nos insta a no dejar caer a su familia, el más grande de los éxitos de todo un clan.

Ahora, ha llegado el momento de no defraudar las intenciones a largo plazo de una persona que cada día hizo mucho más de lo que su cuerpo le dejaba. Nosotros, yo, quizás tendremos que ser más hormiguitas. Quizás tendremos que aprender de los animales para ser mejores personas.

Descanse En Paz MGG.

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