Recuerdos de la infancia

Uno de los recuerdos más recurrentes de mi infancia es madrugar para ir a ver amanecer. Cada verano, cuando vivíamos en la costa o ya de vacaciones, mi madre nos levantaba a mi hermana y a mí muy temprano para bajar a la playa a ver la salida del sol. Sentados en una hamaca, ese momento era casi siempre el comienzo de un día que pasábamos los tres juntos haciendo algo diferente a lo habitual. Eso sí, siempre después del chocolate con churros para desayunar, también toda una institución en los veranos familiares.

Con el paso de los años llegó el momento en que a los jóvenes se nos hizo cada vez menos apetecible madrugar, y por desgracia perdimos la costumbre de la alborada. Pero levantarme temprano para ir a ver amanecer es algo que me viene a la mente cada cierto tiempo, tanto en invierno como en verano, y algo que también me gustaría hacer más cuando voy de viaje.

Con la llegada del otoño, a diario veo salir el sol sobre el mar cada mañana de camino al trabajo. Llegaron de nuevo las ganas de poder disfrutar de ese momento con tranquilidad. Y, con el cambio de hora, han llegado los días en que puedo hacerlo aún a costa de tener que madrugar más. Ayer, por fin, me armé de fuerzas y de ganas para hacerlo. El resultado fue una foto que tenía muchas ganas de hacer.

Pablo Marcos M.S. / Amanecer desde la subestación eléctrica de Benalmádena. Publicado en El último cebro

Pablo Marcos M.S. / Amanecer desde la subestación eléctrica de Benalmádena

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